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El
estrés es un tema de conversación, de análisis y preocupación para
muchas personas, sobre todo en las grandes ciudades, pero fácilmente
se le generaliza, utilizando el concepto como un modelo, relativamente
cómodo, de interpretar problemas personales, familiares, de relación,
o algún tipo de trastorno que pone en riesgo la estabilidad de la
persona. Es común que, ante el reconocimiento de alguna forma de
malestar, desconcierto, insatisfacción, fatiga o incluso la sensación
de insanía mental, las personas recurran a la imprudente declaración:
"Lo que pasa es que estoy "estresado"..., lo que tiene
una conclusión también ligera, pero contundente: "Lo que
necesito son unas vacaciones".
Si una persona tiene tan claro su problema, probablemente no
tenga en realidad un problema, sino una forma de insatisfacción
existencial que no tendría que ser definida en términos clínicos.
Si dejáramos a un lado el psicologismo en nuestra manera de
interpretar nuestros estados de ánimo y recurriéramos a los términos
amables del lenguaje coloquial, seguramente nos entenderíamos mejor y
sería más fácil definir y dimensionar nuestros problemas. La mayoría
de las personas no se "deprimen", sino que se ponen tristes,
añorantes, nostálgicas o melancólicas, y eso es algo natural e
incluso sano; la depresión es una enfermedad, una patología, por lo
que no surge ahora y se disipa mañana, como un estado de ánimo, sino
que requiere un diagnóstico y un tratamiento específico. Lo mismo
pasa con el estrés: muchas personas están insatisfechas con su
manera de vivir, se sienten nerviosas, tal vez cansadas o tensas; pero
eso no tipifica un síndrome de estrés, que es un trastorno y
requiere un tratamiento adecuado.
EL
ESTRÉS ES UN PROCESO ADAPTATIVO NATURAL, QUE SE PRODUCE ANTE ESTÍMULOS
ESPECÍFICOS.
EL
ESTRÉS, COMO UN TRASTORNO, ES UNA REACCIÓN DESBORDADA ANTE ESTÍMULOS
INESPECÍFICOS.
Como
una patología o trastorno, un estado de estrés se caracteriza porque
la persona presenta una sintomatología similar a la que se produce
ante una situación real de peligro; pero tal peligro no es
identificable o "especificable", por lo que se asume que,
independientemente del conjunto de situaciones potencialmente
estresantes que viva la persona, el núcleo de su problema es
subjetivo, por lo que se trata de un trastorno básicamente psicológico,
aunque tenga concomitantes físicos y existenciales.
El caso más extendido de trastorno de estrés, y el más
comentado socialmente,
es el crónico e inespecífico. Pero puede confundirse
con otro tipo de patologías, derivadas también de estímulos
estresantes, que en estos casos son identificables:
4El
Trastorno adaptativo, que puede presentarse cono secuela de un
intento prolongado e infructuoso de adaptarse a condiciones
estresantes, como puede ser un trabajo muy demandante, la existencia
de deudas que difícilmente se pueden cubrir, dificultades conyugales,
cambio de residencia, pérdida de un ser querido... Se identifica como
un trastorno el desarrollo de síntomas que indican un esfuerzo de
adaptación que no se está realizando de manera sana, por lo que se
presenta un ánimo depresivo, un estado de ansiedad generalizada, una
baja de rendimiento escolar o laboral, inestabilidad emocional,
incongruencia conductual, entre otros.
4Trastorno
por estrés postraumático:
Se presenta después de haber vivido un acontecimiento intensamente
estresante, por lo que se produce un "golpe o herida psicológica",
que es lo que se ha llamado "trauma". En este caso, el estímulo
estresante es perfectamente identificable, y generalmente se trata de
hechos físicos en los que se despliega una gran violencia, en los que
la persona experimenta un peligro real para su vida, como pueden ser
una violación, secuestro, asalto con violencia, arresto acompañado
de tortura y otros hechos de este tipo, en los que interviene la
voluntad expresa de hacer daño por parte de otras personas; un
accidente, una enfermedad o la muerte de un ser querido son también
eventos traumáticos, pero no destruyen la sensación de seguridad básica
de manera tan insidiosa. En los países que han sufrido guerras, el
estrés postraumático es un fenómeno muy extendido.
La
respuesta del individuo ante hechos de extrema violencia es también
un proceso adaptativo (o readaptativo) a la vida normal, pero en
muchos casos se convierte en un trastorno cuando la secuela del trauma
no es elaborada exitosamente. En estas condiciones se presenta un
cuadro general de inseguridad, profunda desesperanza, sensación
latente de horror, pesadillas recurrentes, embotamiento emocional,
pensamientos catastrofistas espontáneos, conducta errática y apatía,
entre otros.
4Trastorno
por estrés agudo. La
característica esencial de este tipo de trastorno es la aparición de
ansiedad, sensación de irrealidad, disociación de la personalidad,
dificultad para conciliar o mantener el sueño, irritabilidad o
ataques de ira, dificultades para concentrarse, sensación de estar
"demasiado alerta", estados de amnesia y embotamiento
general, entre otros. Estos síntomas se presentan como secuela de la
exposición a un evento traumático de carácter extremo. El estrés
agudo puede equipararse con un "estado de shock", por lo que
debe considerarse un estado pasajero. Si el cuadro sintomático dura más
de cuatro semanas, se diagnostica como un trastorno de estrés
postraumático.
4Trastorno
de ansiedad generalizada. Aunque
fácilmente se confunde con un estado de estrés crónico, la
sintomatología y el origen de este trastorno indican una diferencia,
en el sentido de que en este caso se percibe en la persona una
especial sensibilidad para interpretar los hechos de la realidad no
solamente como amenazantes sino como fuentes de angustia o preocupación
irracional. Aunque las personas con este trastorno no siempre reconoce
que sus preocupaciones resultan excesivas, manifiestan una evidente
dificultad para manejar sus emociones y pensamientos, lo que les
provoca una sensación permanente de malestar subjetivo y deterioro
social, laboral o de otras áreas de su vida. La intensidad, duración
o frecuencia de la aparición de la ansiedad y de las preocupaciones
son claramente desproporcionadas con las posibles consecuencias que
puedan derivarse de las situaciones temidas. Hay que decir que en un
trastorno de ansiedad la persona identifica claramente los hechos que
alimentan su preocupación, pero estos hechos pueden o no ser
objetivamente estresantes, de hecho, cualquier situación puede ser
interpretada ansiosamente.
Un síndrome típico de estrés no equivale a la ansiedad, pero
el estrés crónico puede desembocar en un trastorno de este tipo, lo
que puede agravarse con estados agudos de angustia o ataques de pánico.
Los estados antes descritos son propiamente enfermizos o patológicos,
claramente identificables por los médicos y también por la propia
persona que los sufre y sus familiares, en tanto que los síntomas están
lógicamente relacionados con las causas. No ocurre lo mismo con el
tipo de estrés que, en condiciones de "normalidad" social,
se está produciendo en las grandes ciudades y que padece mucha gente
que, aparentemente, no tiene un trastorno previo, como pudiera ser la
ansiedad, hiperactividad u otros, además de que, en términos
generales, no hay violencia o dramatismo en su vida. Sin embargo,
estas personas experimentan un estado general de tensión, inquietud,
molestia y una sensación generalizada de que la vida es demasiado
"pesada", lo que se conoce como disforia, que no es
en sí misma una patología, sino un estado existencial en el que la
vida parece rebasar o "abrumar" al individuo.
EL
ESTRÉS ESTÁ RELACIONADO CON UNA MANERA DE VIVIR, CON UNA ACTITUD
ANTE LA VIDA. EXISTE UNA PREDISPOSICIÓN A GENERAR ESTRÉS EN
PERSONAS
QUE SE "SOBRECARGAN", YA SEA POR RESPONDER A
NECESIDADES COMPETITIVAS O POR TENER UNA PERSONALIDAD NARCISISTA,
QUE LOS LLEVA A NO RECONOCER LÍMITES.
La sensación de "estar abrumado" es el efecto, por
un lado, de los factores que "sobrecargan" a la persona; y,
por otro lado, por la respuesta que la propia persona elabora, tanto
de manera consciente como inconsciente, para manejar los estímulos
estresantes a los que está sometido. Cuando las estrategias
adaptativas son del todo fallidas, la persona sucumbe ante el estrés,
lo que podríamos imaginar como una "crisis nerviosa"
totalmente incapacitante, por lo que la persona requiere atención
terapéutica inmediata. Pero, en la mayoría de los casos, las
personas elaboran respuestas medianamente eficaces para
adaptarse a las sobrecargas vitales, lo que hace que el estrés se
vuelva difuso y crónico.
Cuando
el sistema inmunológico no logra erradicar, en un plazo corto, una
enfermedad en el cuerpo, se establece un proceso de lucha a largo
plazo, en estas condiciones se habla de una enfermedad "crónica"
(de cronos: "tiempo"), que se concibe como algo prácticamente
permanente, como una suerte de "equilibrio insano" del
organismo. En el caso del estrés ocurre lo mismo: si el origen del
estrés persiste, y la persona desarrolla estrategias que le permiten
"soportar" la situación —sin solucionarla—, entonces el
organismo, comandado por el cerebro, se prepara para una protección a
largo plazo (crónica). a través de la secreción de más hormonas
que incrementan el nivel de azúcar en la sangre para mantener la
energía e incrementar la presión sanguínea.
Esta fase de adaptación es el resultado de la exposición a
largos períodos de estrés, lo que no necesariamente enfermizo,
siempre y cuando existan los espacios de relajación, descanso y
"restauración" del equilibrio sano. Podríamos pensar en
las ansiadas "vacaciones", pero este sería un abordaje
demasiado simple y ciertamente insuficiente en la inmensa mayoría de
los casos. De lo que se habla es de el concepto mismo de vacaciones
(estar "vacante", libre, irresponsable, diversificado,
relajado) llevado a la vida cotidiana: como vacaciones mentales,
momentos privados en los que la persona sea capaz de
"desconectarse" de las situaciones que lo cargan.
LA
PERSONA SOMETIDA AL ESTRÉS DEBE ENCONTRAR "ESPACIOS
RESTAURADORES" DE SU TRANQUILIDAD, ALGO QUE LE PROPORCIONE
"VACACIONES MENTALES" EN SU VIDA COTIDIANA.
Bajo un estrés crónico, persistente, los afectados entran
en la etapa de agotamiento: los recursos mentales, físicos,
emocionales y existenciales disminuyen, y el organismo sufre un
deterioro general que se manifiesta específicamente en las glándulas
suprarrenales, en donde el nivel de azúcar en la sangre disminuye,
provocando una reducción de tolerancia al estrés, un agotamiento
mental y físico, lo que conduce al debilitamiento del sistema inmunológico
Cuando ya se ha configurado el fenómeno del estrés crónico,
se pueden identificar los siguientes síntomas:
EN LO FÍSICO:
4Cambios
en el patrón de sueño.
4Fatiga
permanente.
4Alteraciones
gástricas: mala digestión, náuseas, vómito, diarrea,
colitis o gastritis.
4Pérdida
del deseo sexual.
4Dolores
de cabeza.
4Malestar
en diferentes áreas del cuerpo.
4Mayor
tendencia a las infecciones.
4Debilidad
generalizada.
4Mareos,
sudoración excesiva y temblores en las manos.
4Comezón
en manos y pies.
4Bruxismo
(rigidez en las mandíbulas).
4Excesiva
tensión muscular.
4Sensaciones
de inquietud.
4Alteraciones
respiratorias (falta de aliento, hiperventilación).
4Taquicardia.
EN LO MENTAL:
4Falta
de concentración.
4Estados
de amnesia pasajera.
4Dificultad
para tomar decisiones.
4Confusión.
4Desorientación.
4Ansiedad
generalizada.
4Ataques
de pánico.
4Agorafobia
(temor a situaciones en las que se siente atrapado).
EN EL COMPORTAMIENTO:
4Cambios
en el apetito: comer demasiado, muy poco o sin control de horarios.
4Desórdenes
alimenticios: anorexia, bulimia.
4Incremento
en el consumo de alcohol o drogas.
4Incremento
en el fumar.
4Nerviosismo.
4Incremento
de actitudes fóbicas.
4Morderse
las uñas, arrancarse cabellos.
4Hipocondria.
4Deterioro
en la higiene personal y en la apariencia.
EN LO EMOCIONAL:
4Distimia
(depresión leve permanente).
4Ataques
de tristeza profunda.
4Impaciencia.
4Irritabilidad.
4Accesos
de ira.
4Llanto
incontrolable.
EN LO EXISTENCIAL:
4Ideación
de profunda soledad.
4Sensación
de vacío o inutilidad.
4Hostilidad
injustificada hacia otras personas.
4Ideación
de no tener propósitos en la vida.
4Sensación
de intolerancia hacia sí mismo o los demás.
4Ideación
relacionada con la culpa.
4Sensación
de no ser apreciado o amado.
4Ideación
suicida.
EN
UN SENTIDO MÉDICO, EL ESTRÉS NO ES EN SÍ MISMO UNA ENFERMEDAD,
PERO PUEDE "DISPARAR" ENFERMEDADES. LA DESAPARICIÓN DEL
ESTRÉS FAVORECE LA CURACIÓN DE LAS ENFERMEDADES QUE SE HAN
PRODUCIDO, PERO ÉSTAS DEBERÁN SER ATENDIDAS CON INDEPENDENCIA DE
LOS TRATAMIENTOS ESPECÍFICOS PARA EL ESTRÉS.
En
términos generales, una persona que padece un estrés crónico se
encuentra vulnerable al desarrollo de cualquier otro padecimiento físico
o trastorno mental. Pero de la investigación médica se deduce una
relación directa entre el estrés y las siguientes áreas de la
salud:
ENFERMEDADES
CARDIOVASCULARES
Se refiere al corazón y al sistema de vasos sanguíneos del
cuerpo. Las enfermedades cardiovasculares probablemente sean el
problema de salud más serio que puede estar relacionado con el estrés.
Las hormonas suprarrenales actúan para incrementar la presión sanguínea;
el aumento temporal de la presión no representa un riesgo a la salud,
pero una presión alta crónica puede tener efectos muy serios a largo
plazo. La presión sanguínea elevada está relacionada con el
desarrollo de la arterioesclerosis, que es el endurecimiento de las
arterias, mismas que se estrechan, dificultando el flujo de sangre.
Finalmente, una arteria se puede bloquear, provocando angina de pecho,
apoplejía y fallas del corazón.
EL
SISTEMA INMUNOLÓGICO
Se
trata del sistema que protege al cuerpo del ataque de elementos
externos, como virus y bacterias, y también proporciona defensas
contra enfermedades degenerativas. El estrés crónico puede dañar el
sistema inmunológico al afectar la glándula timo, que es la que crea
los glóbulos blancos, los cuales regulan la inmunidad. La reacción
de estrés desvía recursos a las principales partes del cuerpo, a fin
de prepararlo para la lucha (o la huida), principalmente refuerza el
cerebro, el corazón y los músculos. Otros sistemas, entonces, quedan
privados de esos recursos, incluyendo el sistema inmunológico, con lo
que el organismo entero queda vulnerable. El resultado del estrés
prolongado puede ser la reducción de la habilidad del organismo para
combatir toda clase de infecciones. Por otro lado, cierto tipo de células
blancas producidas por la glándula timo están activas en la prevención
de la desorganización celular, por lo que cualquier falla en esta glándula
puede aumentar el riesgo de cáncer.
ASMA
El
asma es un desorden respiratorio caracterizado por la constricción
temporal de los bronquios, que son los conductos de aire ramificados
de la tráquea a los pulmones. La propensión a los ataques de asma se
basa en la hiperactividad de los músculos bronquiales, que se constriñen
al exponerse a uno u otro de estos agentes. El estrés crónico afecta
la eficiencia de las glándulas suprarrenales, reduciendo la secreción
de antiinflamatorios y hormonas antialérgicas, lo que aumenta el
riesgo de un ataque de asma.
DIABETES
La
diabetes es causada por la inhabilidad del cuerpo para metabolizar el
azúcar, lo cual conduce a niveles excesivamente altos de glucosa en
la sangre. La hormona insulina es la responsable de procesar el azúcar
y es secretada por el páncreas. Se sabe que en condiciones de estrés,
las hormonas suprarrenales aumentan el nivel de azúcar en la sangre.
La adrenalina causa que el azúcar en el hígado sea bombeada dentro
del torrente sanguíneo y la hidrocortisona actúa para reducir la
metabolización de la glucosa por las células.
Grandes cantidades de hidrocrtisona actúan para disminuir la
sensibilidad a la insulina. Los niveles elevados de azúcar no son
peligrosos en los individuos generalmente saludables, pero el estrés
crónico combinado con otros factores, tales como la obesidad, actúan
para incrementar el riesgo de diabetes.
ÚLCERAS
El
recubrimiento del estómago tiene una capa de mucosa para protegerlo
de los ácidos y las enzimas digestivas utilizadas para descomponer la
comida. Con el tiempo, el estrés crónico puede estimular la
sobreproducción de jugos gástricos, lo cual destruye la mucosa
protectora y actúa sobre las paredes del ducto digestivo, con el
resultado de una ulceración, lo que puede ser un problema serio si se
producen hemorragias internas.
DESÓRDENES
DIGESTIVOS
Muchos
de los problemas de los conductos digestivos, como extreñimiento,
diarrea y el síndrome del intestino irritado están relacionados con
el estrés. Los nervios en el conducto digestivo reciben mensajes del
cerebro en forma de hormonas, que le dicen a los músculos
intestinales que se expandan o se contraigan. Los desequilibrios
hormonales pueden causar alteraciones en el funcionamiento intestinal,
tales como espasmos, extreñimiento y diarrea. El estrés crónico
puede afectar el sistema gastrointestinal en su totalidad, con lo que
también pueden presentarse problemas como la gastritis y la colitis.
PROBLEMAS
DE LA PIEL
El
estrés incrementa los niveles de toxicidad en el cuerpo y contribuye
a un desequilibrio hormonal generalizado, lo que tiene un efecto
evidente en la piel, provocando ronchas, acné, manchas, eczemas,
psoriasis, palidez excesiva y otra case de afecciones dermatológicas.
CEFALEA
Y MIGRAÑA
La
mayoría de los dolores de cabeza no son causados por enfermedad, sino
por fatiga, desórdenes emocionales o alergias. Los dolores de cabeza
intermitentes se asocian con la preocupación, ansiedad, exceso de
trabajo o simplemente por ventilación inadecuada.
El
dolor de cabeza es resultado de la estimulación de las estructuras
sensibles al dolor, como las meninges, que son las membranas que
cubren al cerebro, así como los nervios del cráneo y la parte
superior del cuello. Esta estimulación puede ser producida por
inflamación, por dilatación de los vasos sanguíneos o por espasmos
musculares del cuello y la cabeza. Los dolores provocados por espasmos
musculares se clasifican como "tensionales", y a los
causados por dilatación de los vasos sanguíneos se les llama
"vasculares".
Un
gran porcentaje de los dolores de cabeza producidos por estrés son
derivados de la tensión; estos se caracterizan por un dolor difuso
que se extiende por la totalidad de la cabeza, o ésta se siente como
si estuviera presionada en su derredor por una banda elástica.
Al
dolor de cabeza vascular se le llama "migraña", y también
se encuentra asociada al estrés, aunque también a factores externos,
como cambios de clima, menstruación, uso de anticonceptivos con estrógenos,
o, en algunos casos, ingestión de quesos, chocolate, alcohol y otros
productos que afectan los vasos sanguíneos.
El
dolor de cabeza se asocia también con la depresión u otra clase de
trastornos emocionales que también están vinculados con el estrés.
DEPRESIÓN
El
estrés crónico puede producir una severa depresión, teniendo éste
una incidencia tanto en el organismo como en la mente. La adrenalina y
noradrenalina no sólo son hormonas suprarrenales, sino también
mensajeros químicos del cerebro. Las deficiencias de noradrenalina
han sido relacionadas con la depresión, además de que el agotamiento
suprarrenal que produce el estrés crónico es en sí mismo un factor
de riesgo para la aparición de enfermedades depresivas.
SÍNDROME
PREMENSTRUAL
El
estrés tiene un efecto debilitante en los nervios en general, por lo
que ciertos síntomas premenstruales pueden ser agravados por el estrés.
Muchas mujeres que presentan tendencia a este síndrome tienen niveles
anormales de la hormona suprarrenal aldosterona, lo que puede explicar
algunos problemas de retención de líquidos, ganancia de peso,
blandura de los pechos y abultamiento del abdomen. La liberación de
aldosterona causada por el estrés aumenta estos problemas.
SI
EL ESTRÉS NO ES ATENDIDO A TIEMPO, LOS DAÑOS CAUSADOS EN OTROS
SISTEMAS VITALES SE CONVIERTEN A PROBLEMAS INDEPENDIENTES Y
ADICIONALES AL PROPIO ESTRÉS CRÓNICO, CON LO QUE SE AGRAVA LA
CONDICIÓN GENERAL DE LA PERSONA.
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